_¿ Te acuerdas de la primera vez que vinimos aquí?- dijo Omar echado en el suelo.
_Si, como si fuera ayer. Y la luna sigue estando igual de redonda que siempre- dijo Julia a la vez que giraba la cara hacia Omar, un chico robusto, de anchas espaldas, con la tez bastante morena, unas facciones no muy marcadas y un poblado pelo negro, siempre peinado en punta.
_ Eres preciosa.- dijo Omar con un leve sonrisa en los labios.
_ No me digas eso... ¡ me vas a hacer enrojecer! - añadió Julia mientras se tapaba la cara con las manos ,como un niña pequeña.
Omar le cogio una mano, y se la llevo a los labios dandole un sutil beso.
_ Vengo ahora.
_ ¿ A donde vas Omar?- dijo Julia apoyándose sobre los codos y siguiendo con la mirada a Omar, para descubrir hacia donde se dirigía.
_ Vengo ahora, no te preocupes.
_ Vale. - añadió Julia mientras se volvía a echar tranquilamente en la toalla.
Cuando Omar llegó, Julia estaba ligeramente dormida, pero de repente sintió una respiración cercana a ella, era él. Llevaba un traje negro, con una disimulada raya diplomática en azul celeste, que pasaba casi desapercibida, una camisa blanca y una corbata de raso azul celeste. Llevaba en la mano una enorme caja plateada con un lazo muy vistoso, que resaltaba en la oscuridad de aquella noche de verano. Julia, se levanto sobresaltada, al ver a Omar así vestido.
_ ¿ Qué es eso Omar?
_ Toma, ábrelo que es para ti.
_ ¿ Pero que es? ¿ Muerde?
_ No no muerde tranquila, pero como no lo abras rápido... ¡ Seré yo el que muerda!- dijo Omar haciendo el amago de morderla.
_ ¡ Para! Que te vas a arrugar el traje, que estas muy guapo- dijo Julia riéndose, mientras terminaba la frase con un pequeño beso en la comisura de los labios.
_ Venga Julia, ábrelo rápido que vamos a llegar tarde.- dijo Omar mientras miraba su reloj _ Tienes 10 minutos; en esa caja tienes todo lo que puedas necesitar. ¡Pero date prisa! Te espero en el coche.
Asique Julia, acató las ordenes que Omar le dio, abrió la caja y encontró un precioso vestido negro con un escote en forma de uve, mangas griegas, y dos aperturas a ambos lados marcando sus perfectas y esbeltas piernas morenas. Aparte de aquel vestido de diosa griega, en la caja, forrada por dentro con tela de vuelo, se encontraba un pequeño baul con todo tipo de perfiladores, barras de labios, mil colores de sombras de ojos, junto a un pequeño espejo, lo suficiente como para poder atinar al pintarse. Tambien habia unos sandalias de tacón bastante alto, negras y con correas, muy acorde con el vestido. Al final de la caja, habia una pequeña caja azul oscuro, que entre la oscuridad de la noche era dificil encontrar. Era cuadrada, y pesaba un poco. Julia agitó un poco la caja, pero no mucho por miedo de que se rompiera el obsequio que habia dentro. Era una preciosa gargantilla de plata, con forma de pirámide invertida, que encajaba perfectamente en aquel escote. Y en el soporte de la gargantilla, se encontrba una pequeña y disimulada inscripción que ponía, “Juntos para siempre” Julia estaba casi llorando, pero se maquillo a toda prisa, se puso la gargantilla, metio la ropa toda mezclada en la caja del regalo y se marcho corriendo hacia el coche, donde estaba Omar con la radio encendida.
Julia entro en el coche, toda de negro con una raya egipcia no muy ancha. Estaba verdadermente guapa.
_ Estas de infarto – dijo Omar boquiabierto cuando la vio sentada a su lado.
_ Tu tampoco estas nada mal.
Ambos partieron, a las nueve y media de la noche, hacia no se sabe donde.
_ Hemos llegado. - dijo Omar tranquilamente.
_ ¿ Pero me puedes decir donde estamos? - añadio Julia, mientras miraba en todas direcciones para ver si se podia orientar.
_ ¿Que más da? Estamos tu y yo, ¿que mas podemos pedir?
_ Una silla, no siento los pies – dijo Julia mientras se levantaba el vestido observando sus pies doloridos.
Omar se echo a reír.
_ Bueno ponte esto alrededor de la cabeza tapándote los ojos. Tenemos que ir a un sitio. - finalizó la conversación Omar, mientras se sacaba un pañuelo doblado a la perfección, que después paso a su compañera.
_ Lo que tu digas – Y julia se puso el pañuelo tal y como Omar le había mandado.
_ ¡Cuidado Omar! Me voy a caer...
_ Tranquila, hemos llegado- y Omar se coloca detrás de su pareja, deshaciendo el nudo que antes Julia había echo.
_ Pero... ¿ de donde has sacado todo esto?- añadió Julia sorprendida.
_ Adelante, ahi tienes una silla.
Julia estaba observando una mesa redonda, no muy grande lo suficiente para dos personas, con dos sillas blancas haciendo juego con el mantel. Después, entre las velas había un ramo de flores, todas de colores vistosos que estaban alumbradas por la luz de las velas. Para cenar había un “rissoto” de gambas, y delante una buena ensalada. Todo meticulosamente presentado. Delante de las bandejas repletas de comida , unos platos decorados, con aspecto bastante caro, junto con unos cubiertos que brillaban tanto que te podías ver en ellos. Al lado de la silla de Omar, estaba una cubitera, con un pie bastante alto, al alcance de la mano, con una botella de champan caro.
Habia de todo, todo estaba perfecto. Todo estaba como de cuento.
_¿ Te gusta?
_ ¡Si muchisimo! Esta todo delicioso, gracias cariño, pero... ¿ a que viene todo esto?
_ ¿ Un poco de champan?
_ Si por favor, pero explícamelo.
Y Omar descorchó la botella de champan, yse dispuso a servirle a Julia. Cuando le estaba echando el champan, sono un pequeño ruido.
- ¿ Que es eso?
- ¿ El que? Yo no oí nada...
- Si sonó un pequeño “clac”.
- ¡Yo no oi nada!
- Vale vale, seria algun animal.Y cuando Julia se dispone a beber ve en el fondo de su copa algo que brillaba con fuerza. Como si fuera una piedra preciosa. Era un anillo, con una pequeña piedra que hacia juego con su gargantilla.
- No... no puede ser. ¡Dios mio!_ y Julia se puso el anillo que habia cojido del fondo de su copa.
- En fin Julia, llevamos tres años juntos, y yo te quiero desde el primer dia que te conocí. Julia, quieres...
- ¡ Si si si si si ! ¡Claro que quiero! - y Julia, se levanto azorada tirando la servilleta por los aires, y sin dejar acabar a Omar.
Y ambos se perdieron en un beso profundo e infinito, bajo la luz de dos velas casi gastadas, y el siempre reflejo de la Luna.
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