Cierto día un joven fue en busca de un sabio para pedirle ayuda.
_ Vengo maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy feo, torpe y bastante tonto.¿Cómo puedo mejorar maestro? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
_ Cuanto lo siento muchacho. Pero es que,ahora no puedo atenderte estoy demasiado ocupado.
_ Pe, pe pero maestro...
_ Bueno mira si quieres puedes hacerme un favor
_ ¡Claro! Dígame.
_ Mira- de repente el maestro se quito un anillo de oro del meñique._ Lleva esto al mercado, y véndelo. Pero muchacho, procura que no te den menos de una moneda de oro.
_ Vale.
_ Hay un caballo en el establo, cógelo y cabalga hasta el mercado.
_ Si maestro.
Aquel joven cabalgó a lomos de un precioso caballo negro hasta que llegó al mercado.
_ Buen chico- asintió el chico dándole un poco de paja al caballo.
El chico avanzó mercado alante hasta que encontró un hombre entrado en años que vendía joyas antiguas.
_ Hola buen hombre.
_ Hola muchacho, ¿que deseas?
_ Quería vender este anillo de oro.
_ Te puedo dar 2 o 3 monedas de plata.
_ No puedo aceptarlo. Me dieron órdenes de no venderlo por menos de una moneda de oro.
Aquel hombre soltó una carcajada.
_ Chico estas loco, un anillo de ese calibre no vale mas que una moneda de plata.
El chico, volvió a montar sobre aquel caballo, con cara de tristeza porque aquel truque no pudo ser viable.
_ Hola..
_ ¿ Que te pasó chico?
_ No pude vender su anillo, maestro.
_ No pasa nada.- dijo el maestro con cara un tanto peculiar. _ Mira vuelves a coger el caballo, y vas al joyero del pueblo. Pero aunque te de todas las monedas de oro del mundo, no lo vendas.
_ Muy bien maestro.
El chico cogió a toda prisa su caballo, y partió hacia el pueblo.
_Buenas tardes- dijo el chico
_ Hola-añadió el joyero.
_ Mire me han mandado saber el valor de este anillo. ¿Cuanto me daríais por el?
_ No se puede que unas mil o dos mil monedas de oro.
_ Vale ¡gracias!
El chico con una sonrisa montó sobre su caballo, y raudo y veloz llegó a casa del maestro.
_ ¡Maestro, maestro!
_ ¿Que paso hijo?
_ Venda este anillo, que le dan mil o dos mil monedas de oro.
_ Bien, ¿ has aprendido algo?
_ ¿ Como que si he aprendido algo?
_ Veo que no. Te lo explicare. Mira, este anillo eres tu. La gente que no sabe su auténtico valor, da muy pocas monedas de oro por el. En cambio un especialista puede darte miles y millones de monedas. En tu caso es lo mismo. La gente no sabe como eres, ni quien eres. Tienen que fijarse mucho para darse cuenta realmente la esplendida persona que eres. Que no importan las apariencias. Sólo un experto podría judgarte. Tu muchacho eres un anillo de oro.
_ Vaya, nunca me había dado cuenta de ese detalle. Gracias maestro. ¿Me lo puedo quedar?- dijo el muchacho apuntando al anillo.
_ Claro. Todo tuyo. Pero recuerda, ese anillo no es digno de simples mercaderes si no de un buen joyero.
_ Muchísimas gracias maestro.
_ De nada muchacho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario